Sexo anal, desafío en pareja

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Lograr que una mujer acceda a practicar sexo anal no es tan sencillo como podría sonar a los oídos de un caballero desprevenido. Ellos ni siquiera se lo imaginan como opción, por lo tanto suele parecerles que cuando una mujer se niega a este tipo de práctica, lo hace por “histérica” ó simplemente “no tiene fundamentos para temer”.

Pues sí los tiene. Si no se siguen ciertos pasos “obligatorios” la experiencia puede resultar francamente desagradable para ella, y él no volverá a contar con su consentimiento para penetrarla por el ano. Estos requisitos son:

Consentimiento: bajo ningún concepto intentes acceder al ano de tu compañera como “al pasar”, deberás contar con su consentimiento y aceptación, para lo cual será fundamental que tengas paciencia y puedan conversar sobre el tema. Hazle saber cuánto placer te daría a tí, pero sin ejercer presión. Dile cosas como “sólo si tú quieres”, “cuando te sientas segura”. Si quieres que esta práctica sea habitual dentro de la sexualidad de la pareja, será mejor que lo hagas cuando ambos estén seguros, tranquilos, convencidos y de acuerdo.

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Lubricación: uno de los errores más frecuentes de los varones reside en ir “directamente al tema”. Para lograr un clima de confianza y relajación, será menester que primero estimules sus pechos, su clítoris, que beses su cuerpo y dediques largo tiempo a las caricias más sensuales. Poco a poco los músculos irán cediendo su tensión. Para estimular adecuadamente el ano, puedes besar la zona y usar tu lengua para dar pequeños círculos en los muslos y nalgas. Usa lubricantes de base acuosa en abundancia y comienza explorando la zona con tus dedos para ir logrando una relajación óptima.
El sexo anal puede resultar sumamente grato para ambos amantes, sólo si dedican especial atención al asunto y con infinita paciencia preparan la zona. Recuerda: si la experiencia es desagradable, olvídate del asunto, pues cuando una mujer no quiere, nada le hará cambiar de opinión.