
Una de las claves que define el cibersexo es que se trata de un espacio en el que la imaginación tiene el poder: puedes ser quien quieras y hacer lo que quieras, al fin y al cabo, siempre vas a estar protegido por el anonimato de un nick.
El cibersexo en sí no tiene nada de malo, y además, es una opción elegida por muchos. El problema viene cuando se convierte en adicción. Pasar demasiado tiempo pendiente de las páginas porno, de chats eróticos y demás puede producir una serie de desequilibrios importantes, que van desde la ansiedad hasta la depresión.



