Gente Pony

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Una de las fantasías sexuales más exóticas y salvajes es la de personificarse en caballos.

Ellas desean ser llamadas yeguas y ellos potros, salvajes, primitivos, de cuerpos sudorosos atados a carruajes, arados o molinos. Azotados y felices, en su papel de ponys…

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Tirando de un arado a la cabeza de una yunta de bueyes, o corriendo campo traviesa montados por su dueños, la gente pony goza con las monturas engrasadas y el freno en la boca. Imposibilitados de hablar, relinchan de gozo al ser azotados por látigos, sus sudorosos cuerpos agotados en la faena diaria.

Son paseados, cepillados e instruídos en saltos y tareas en las que todo caballo domado ocupa sus días. Algunos gustan de montar, otros simplemente prefieren el rol del equino.

Los arneses, cuerdas, cadenas y monturas que los someten son sus únicos vestidos, además de unas manoplas que limitan las funciones de sus manos convirtiéndolas en cascos y rodilleras de cuero que protegen las débiles rodillas humanas. En casos extremos, aros de metal atraviesan sus narices y pezones para colocar más riendas, y hierros candentes imprimen la marca de su dueño.

Volver a la pureza primitiva, al salvaje original,… solo sentir: la grupa, el poder en las patas, la velocidad, el largo cogote y la crin gruesa y sudorosa al viento… el poder dominante de la montura, los arreos y los hierros en la boca… un azote , una nalgada y…

¡ …Relinchas de placer!