Piercing eróticos, del dolor al placer


Desde tiempos inmemoriales el ser humano practica Body Modification (BM) o modificaciones corporales: estirarse el cuello o los genitales, afilarse los dientes o ponerse bizco son algunas de las prácticas para hermosear el cuerpo que se realizaban en América, África e Indonesia.Hoy están más de moda las escarificaciones, piercings, tatuajes y otras prácticas mucho más peligrosas como agrandarse los senos o lipoaspirarse la grasita, pues, sostienen algunos, estas alteraciones estéticas resaltan nuestros atractivos y nos vuelven más eróticos. Hay de todo y para todos los gustos en el amplio mundo de las transformaciones corporales.

A pesar del dolor, del dolor al placer o el placer del dolor (también: para todos los gustos…) seguimos colocándonos bolas y perlas de titanio bajo la piel y atravesando nuestros cuerpos con pequeñas lanzas y puntas afiladas de acero quirúrgico.Existen muchos modelos para hacer padecer a nuestra anatomía, aretes para cejas, labios, lenguas, también en pezones, clítoris, glandes, ganchos de suspensión. Las perforaciones en distintas zonas erógenas no deja de parecer sadomasoquismo aunque luego colguemos del agujero flores, mariposas o strass. ¿Es que la perversión nos vuelve más eróticos?En resumen, se diría que el piercing conduce al placer en el propio cuerpo, a nuevas sensaciones eróticas a partir del roce del metal sobre las zonas más sensibles, la fantasía de mirar y ser mirado… pero existe un camino de regreso de la fantasía a la realidad y es el arte. Body Piercing, ¿es un arte?