Un vibrador a tu medida

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Si eres esposa de un “marine” y debes soportar su ausencia durante largos períodos por su deber en el frente de batalla, o si eres la novia de un consagrado jugador de fútbol que vive varios días de “abstinencia” previa a un partido decisivo. O si eres simplemente una mujer divertida y gustas del buen sexo, ahora tienes la posibilidad de hacer tu propio vibrador con la forma y textura del pene de tu compañero sexual de turno.

Entérate cómo puedes lograrlo…

La idea es de la artista plástica Cynthia Plaster Caster quien alcanzó fama mundial por hacer réplicas exactas de los penes de grandes estrellas de rock, siendo una de las más importantes de su colección, la que pertenece a Jimi Hendrix. No nos ocuparemos en esta entrada de los “métodos” que aplicó para lograr tal entrega por parte de los astros de la música, a quien muchas veces resulta imposible pedirles un autógrafo, imagínate un molde de su pene… en fin… eso es para otro tema.

Lo cierto es que Cynthia Plaster Caster ha diseñado y comercializa un kit personalizado para que puedas tomar el molde de tu pene favorito y convertirlo en un vibrador exclusivo.

El kit contiene un tubo de plástico para moldear, polvo de modelaje de gelatinización controlada (a base de algas marinas), piel realística, vibrador de alto poder y un DVD y manual de instrucciones.

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Tú sólo tienes que mezclar el polvo para modelar con agua y verterlo en el tubo. Tu pareja deberá introducir su pene (erecto) dentro del tubo y esperar unos mintuos (supongo que durante esos minutos tú deberás ocuparte de que la erección se mantenga). Así obtendrás un molde “negativo”. Luego mezclas los componentes de la piel realística y los viertes dentro del molde anterior para obtener un molde “positivo”. Introduces el vibrador dentro de este nuevo molde, esperas a que seque y ¡voilá! tienes un sextoy exactamente igual al pene de tu compañero.

Si eres de las que cambia de novio con frecuencia, te sugerimos ocultar o deshacerte de la colección para no someter a tu nueva pareja a odiosas comparaciones. O tal vez prefieras conservarla para recordar “viejos tiempos“. Tú decides.