Piercing genital, ¿mayor placer?

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En los últimos tiempos el «piercing» se ha convertido en una práctica que gana adeptos día a día en todo el mundo. Consiste básicamente en la perforación de determinadas zonas del cuerpo para colocar en ellas aretes, argollas, o cualquier tipo de símbolo que indiquen la pertenencia a un grupo cada vez menos exclusivo: los portadores de piercing.

Algunos estudios aseguran que la implantación de este tipo de perforaciones en zonas genitales o erógenas, incrementa de manera notable el placer durante el acto sexual.

Aunque muchos psicólogos coinciden en que se trata de un fenómeno de «sugestión«, son millones las personas que alrededor del mundo buscan incorporar a su cuerpo las clásicas miniaturas de acero quirúrgico.

No existen lugares a los que no puede aplicarse un arete (por ejemplo). Clítoris, glande, pezones, ombligo, boca, lengua, son algunos de los pedidos más comunes hacia quienes se dedican a brindar estos servicios.

No importa si realmente el placer se dispara a las nubes (como aseguran muchos) o si sólo «crees» que es así. En cualquier caso, el objetivo está cumplido.